Problemas de Ansiedad

La ansiedad es una reacción normal del individuo frente a situaciones de estrés. Es una activación fisiológica de nuestro organismo que se produce ante situaciones en las que existe una percepción de peligro para el individuo o de demanda importante. Esta respuesta produce en nuestro organismo unos cambios fisiológicos que nos preparan para hacer frente al peligro o a la demanda a la que nos debemos enfrentar. Esta respuesta está diseñada para que nuestro cuerpo disponga de energía para hacer frente al peligro y por tanto no es problemática en sí misma

El problema surge cuando esta repuesta de estrés se da con mucha frecuencia o durante tiempo prolongadas. El problema está cuando la  persona  percibe muchas demandas a las que ha de enfrentarse y por tanto activa su organismo con mucha frecuencia, forzándolo en exceso y por lo tanto produciendo síntomas físicos y psicológicos.

Entre los síntomas más típicos encontramos: nerviosismo y preocupaciones, irritabilidad,  inquietud o impaciencia, fatiga, dificultad para concentrarse, tensión muscular o alteraciones del sueño, dolores de cabeza y espalda, malas digestiones, taquicardias, mareos, dificultades de concentración y olvidos frecuentes.

 

Trastorno de Ansiedad Generalizada

Los síntomas de ansiedad son persistentes en el tiempo, duran más de 6 meses, y generalizados sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades, no estando restringida a una situación en particular como en las fobias ni presentándose exclusivamente en forma de crisis, como en el caso de las crisis de pánico. El estado de ansiedad es casi permanente, oscilando levemente durante el transcurso del día y afectando la calidad del sueño. La ansiedad suele asociarse a preocupaciones excesivas. (Por ejemplo: miedo a que algún familiar cercano o la misma persona que sufre este trastorno puedan tener un accidente, enfermarse o morir). A la persona le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación.

Ataques de pánico

Los ataques de pánico se caracterizan por la aparición brusca y aislada de miedo o malestar intensos.

Pueden ir acompañados de algunos de los siguientes síntomas tales como palpitaciones, sacudidas del corazón o aumento de la frecuencia cardiaca, sudoración, temblores o sacudidas, sensación de ahogo o falta de aire, sensación de atragantarse, opresión en el pecho, náuseas o molestias en el abdomen, sensación de inestabilidad, mareo o desmayo, sensación de irrealidad o de estar separado de uno mismo, miedo a perder el control o volverse loco, miedo a morir, sensación de entumecimiento u hormigueo, escalofríos o sofocaciones.

Estas sensaciones son temporales y tienen su máxima expresión a los diez minutos de su inicio.

Trastorno de estrés postraumático

La característica principal es la aparición de síntomas característicos que sigue a la exposición de un acontecimiento estresante y extremadamente traumático, y donde el individuo se ve envuelto en hechos que representan un peligro real para su vida o integridad física; el individuo es testigo de un acontecimiento donde se producen muertes, heridos o bien el individuo conoce a través de alguien cercano acontecimientos que implican muertes inesperadas o violentas.

Suele existir una reexperimentación persistente del acontecimiento en forma de flashbacks o pesadillas.

 

NUESTRO TRATAMIENTO EN PROBLEMAS DE ANSIEDAD:

Realizamos una intervención individual a través de la siguiente línea de trabajo:

  • Nuestro objetivo prioritario es crear una relación terapéutica con el paciente de colaboración y trabajo en equipo a través del entendimiento, la empatía y aceptación incondicional de sus problemas.
  • Promovemos que el paciente comprenda su problema y vaya aprendiendo a lo largo de las sesiones terapeúticas las formas para enfrentarse al problema y superarlo.
  • Evaluamos de forma detallada el tipo de trastorno de ansiedad que padece la persona.
  • Fijamos junto con la persona los objetivos a lograr con el tratamiento, a corto, a medio y a largo plazo.
  • Diseñamos un tratamiento adecuado a las necesidades del paciente y aplicamos las técnicas más adecuadas para su problema y por planificaremos un programa de prevención de recaídas y de mantenimiento de los logros alcanzados en la terapia. Es esencial acudir al médico psiquiatra para que valore la posibilidad de pautar un tratamiento farmacológico que sirva como ayuda y apoyo al tratamiento psicológico.
  • Es importante que la persona comprenda que aunque los fármacos pueden paliar a corto plazo el problema, no van a resolverlo, puesto que son tratamientos sintomáticos que pueden relajarle pero no pueden evitar sus temores, por este motivo es necesario que los fármacos vayan acompañado de una intervención psicológica.