La vida no es un problema que resolver sino un proceso a experimentar

El malestar psicológico convive con todos nosotros día a día y, aun así, no nos hemos acostumbrado a él. De hecho, parece que cada vez somos más sensibles a compaginar nuestros estados mentales desagradables (estar tristes, nerviosos, frustrados, etc.) con nuestros quehaceres diarios. Esto ocurre porque de forma general tenemos la creencia dicotómica de que, si nos encontramos mal, las cosas no pueden salir bien (por ejemplo: si estoy nervioso no podré dar una buena impresión, si me encuentro triste no haré felices a mis hijos, si no estoy motivado no trabajaré bien, etc.), así que intentamos escapar, evitar y/o eliminar nuestro malestar psicológico a través de diferentes acciones porque lo evaluamos como un riesgo potencialmente amenazante para alcanzar nuestros objetivos.

Que respondamos de forma defensiva ante nuestros estados emocionales desagradables no es casualidad, tiene que ver con el principal patrón por el que se rige nuestra mente: el patrón de solución de problemas. Esta manera que nuestra mente tiene de funcionar posee su origen desde el principio de los tiempos, cuando andábamos descalzos/as por la selva donde nuestro único objetivo era sobrevivir y todo resultaba ser amenazante (un depredador que nos podía atacar, una planta con la que nos podíamos envenenar o unas condiciones climatológicas que conseguían acabar con nuestros recursos). Desde entonces, gracias al lenguaje, la mente se ha ido desarrollando como nuestra principal herramienta para sobrevivir ante las amenazas presentes en nuestro entorno ya que las identifica, nos avisa de diversas formas y así es posible que elaboremos un plan para enfrentarnos con éxito a ellas.

Hace bastante tiempo que ya no nos encontramos rodeados de animales y plantas peligrosas para nuestra supervivencia, ahora consideramos que nuestros propios pensamientos y estados emocionales son los principales enemigos. Es  aquí donde comienzan nuestros problemas, cuando evaluamos que parte de lo que somos (pensamientos y emociones) son un peligro para conseguir nuestros objetivos y, además, estamos totalmente convencidos de que nuestro mundo interno (eventos psicológicos) funciona igual que el mundo externo (todo aquello que nos rodea).

¿Podemos controlar ambos mundos por igual?

El verdadero problema es que esta creencia errónea es la que da lugar a que llevemos a cabo comportamientos inadecuados y, en consecuencia, a alejarnos de nuestros objetivos y a sentirnos, paradójicamente, peor.

¿Qué hacemos entonces con los pensamientos y emociones que nos molestan?

Para realizar una gestión eficaz del malestar psicológico (llevar a cabo comportamientos adecuados) es fundamental no solo contar con estrategias de contrastada eficacia, también conocer el verdadero origen y mantenimiento de este malestar en nuestro día a día.

Así, desde Áncora Gabinete de Psicología os invitamos a realizar un recorrido teórico y práctico sobre el malestar psicológico cotidiano, aprendiendo a:

  1. Comprender qué es.
  2. Averiguar nuestro umbral.
  3. Conocer su origen.
  4. Identificar por qué se mantiene.
  5. Adquirir alternativas eficaces para gestionarlo:
  • Cómo detectar cuándo mi mente me está engañando.
  • Convertir la aceptación en una herramienta eficaz.
  • Crear un sentido de dirección y significado vital y seguirlo a pesar de encontrarme mal.

Conocer esta información nos ayudará en gran medida a:

  • Tomar decisiones adecuadas.
  • Valorar lo que ya tenemos y perseguir aquello que queremos.
  • No bloquearnos cuando nos encontremos experimentando una emoción desagradable.
  • Ayudar a personas de nuestro entorno cuando estén pasando por un mal momento.
  • Tener y mantener un estado de bienestar psicológico, prevenir una posible patología mental.

Todo ello a pesar de no encontrarnos bien o lo que llamamos “tener un mal día”

¡Te esperamos!